“Las contracampañas crean una situación de confusión en el escenario electoral que hacen posible el surgimiento de alternativas no previstas”

Entrevistar a Gustavo Gorriti es entrevistar a uno de los periodistas de investigación más reconocidos a nivel nacional e internacional. Recientemente premiado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano con el premio Nuevo Periodismo, es director de IDL-Reporteros y autor de libros como “Sendero: Historia de la guerra milenaria en el Perú”, “La batalla” y “Petroaudios”. Sufrió persecución durante el fujimorato hasta el punto del secuestro. Su trabajo profundo e imparcial, que le ha permitido ganarse la admiración de sus colegas y el odio de sus críticos, lo convierten en una referencia indiscutible para evaluar el papel del periodismo en la actualidad.

¿Cómo se ha desempeñado la prensa en estos meses de campaña electoral?

En forma muy parcializada para una u otra candidatura. Ha sido una campaña en la cual la cobertura de los hechos ha estado subordinada a la posición editorial del medio

¿Cuándo surge esa tendencia que ha hecho que los medios sirvan como rebote de información no necesariamente cierta ni profunda?

Esta campaña ha sido uniformemente controversial y ha tenido dos momentos significativos. El primero cuando Lourdes Flores y Álex Kouri se planteaban como las alternativas, y el segundo luego de la caída de Kouri. Allí crece rápidamente la candidatura de Susana Villarán y la polaridad queda planteada entre ella y Lourdes. Ambas circunstancias han tenido como denominador común el aspecto contencioso. Ello ha marcado todo. La forma en cómo las disputas se expresan en campañas electorales duramente peleadas es, no solamente a través de la parte de propuestas, sino por la parte de la contracampaña, donde se busca atacar y socavar al rival. Dentro de esta contracampaña, la información negativa y la desinformación han jugado un papel importante.

¿Esta parcialización de los medios es necesaria, inevitable?

En absoluto no. Lo importante, sobre todo en procesos electorales donde hay mucho en juego, es poder tener claridad al distinguir la cobertura periodística en sí, que debe ser profunda, inquisitiva, investigadora, pero que debe empezar desde una posición básicamente imparcial. Por supuesto, la única excepción son aquellos grupos claramente anti democráticos: en esa circunstancia ni pretendo ni recomiendo imparcialidad.

Pero, puesta esa excepción de lado, en todas las otras circunstancias, la posición de la cobertura noticiosa debe empezar a partir de una posición básica de imparcialidad. A partir de ahí se debe desarrollar la profundización, inquisición e investigación.

Un lado diferente es el aspecto editorial, la opinión, el análisis. Ahí el medio sí puede tener una posición y los contribuyentes pueden tener posiciones similares o diferentes, pero yo creo que es importante diferenciarlos de la información.

Creo que es bastante obvio que ello ha brillado más por su ausencia que por su presencia en esta cobertura electoral. Si algo no falta en el periodismo actual son circunstancias que afecten su calidad.

¿Cree que los medios han tenido un desempeño similar a campañas electorales pasadas, como la que enfrentó a Castañeda y Andrade?

Lo que yo recuerdo de la campaña de Castañeda y Andrade es una cobertura que fue, aunque no excelente ni impecable, mucho mejor que la actual. Sobre todo desde que entró Susana Villarán contra Lourdes Flores, cuando la contienda rápidamente se polarizó dentro de parámetros ideológicos: izquierda versus derecha. Lo que acá se llama neoliberalismo versus una especie de izquierda que va entre la socialdemocracia y un marxismo semi-renovado.

Creo que esto ha quedado rápidamente marcado y luego contaminado por la naturaleza ideológica y la disputa izquierda-derecha, con todos los prejuicios y toda la profunda carga de irracionalidad y emotividad que eso conlleva en el Perú por su historia reciente. Ello logró que esta sea una campaña donde abundó mucho más el prejuicio, la descalificación y la desinformación que, por ejemplo, en la campaña anterior.

¿Cómo percibe la confianza del público hacia los medios?

Usted habrá visto las encuestas que hay sobre la credibilidad que tienen los medios de comunicación donde figuran relativamente altos con relación a otras instituciones. Pero eso en sí no quiere decir mucho. En términos generales, se podría suponer que los parámetros por los cuales la gente concede credibilidad a instituciones son bajos dada la profunda desconfianza hacia las instituciones en general. Que la prensa este bastante mejor que el Congreso o el Poder Judicial no significa mucho en sí mismo.

Sin embargo, las encuestas sirven como un primer nivel de referencia para tener una idea del concepto que tiene le publico en términos de credibilidad con los medios. Es necesario un estudio cualitativo mucho más fino y profundo. La gente percibe con bastante nitidez la clara parcialización de tales o cuales medios y siente que eso no tiene tanto que ver con un análisis honesto sino con otros factores. Entonces empiezan a definir la acción del periodista como la de un abogado que está planteando un alegato y no como la de alguien que está buscando describir un escenario y analizar un conjunto de circunstancias.

Pese a eso, y quizá por algún tipo de extraña adicción, sigue a estos medios. Es una adicción como la que suele tener la gente con la comida chatarra: a pesar de que sabe que son negativos los consume, como cuando sabe que comer comida chatarra es malo, que los va a poner obesos, blandengues, que les va a dar esclerosis y les va a subir el colesterol.

Tampoco endioso al público como para suponer que son una especie de filósofos ocultos o disfrazados que disimulan detrás de aplausos baratos los que son sus profundos análisis y razonamientos. Creo que existe una especie de disonancia cognitiva entre un conjunto de percepciones y las conductas que muestran, tanto a la hora de leer o sintonizar, como de actuar con base a la información que reciben.

¿Hasta dónde llega la influencia de los medios en las personas al momento que van a emitir su voto?

Eso cambia mucho respecto de la intensidad, la fortaleza o la insistencia del mensaje que lancen los medios, de acuerdo a las circunstancias y al público. Todos estos factores merecen ser estudiados.

Recordará usted los años 90 cuando se practicó de manera intensa y sistemática la desinformación, la propaganda de todo tipo como una forma y estilo de control de la gente a través de su pensamiento como una forma de gobierno. Ésta iba desde la prensa, la contraprensa, la degradación de la televisión y todo aquello que durante mucho tiempo fue eficaz.

Sin embargo, llegó un momento en que esa arma dejó de funcionar, a pesar de que había sido manejada con mucha tensión, inversión y por gente que, sin ser genios, tenían conocimiento de cómo manejar los sistemas de control informativo y también de influenciar con todos los criterios de guerra sicológica sobre la mente colectiva. Esa pérdida de eficacia fue abrupta, brusca, cayó con mucha rapidez, sin que ellos pudieran controlarla ni diagnosticarla.

¿Incluso antes que saliera a la luz la compra comprobada de los medios por el poder?

Incluso antes. Esa fue el factor catalítico final luego de un proceso que se había dado sin que fuera claramente advertido por los que estaban dedicados a eso virtualmente a tiempo completo. ¿Por qué sucedió? ¿Qué fue lo que lo gatilló? ¿Qué factores entraron en marcha dentro de eso? Es un estudio todavía por hacerse.

Desde entonces, la credibilidad se ha visto claramente afectada. ¿Los medios hacen una buena labor en este sistema supuestamente democrático en el que la prensa ya no trabaja bajo los intereses del gobierno?

Creo que no. Estoy seguro que no.

Hay un conjunto de factores diversos, unos complejos y otros más simples. Entre los más simples y evidentes está que, si usted se pone a mirar y ve sobre todo dentro de la prensa electrónica, que es la que tiene la mayor llegada a la gente, y la que desde los años 90 empezó a marcar la agenda noticiosa, verá los personajes que en buena medida son los mismos que estaban en los 90, aquellos que actuaron, funcionaron, lucraron, florecieron – si tal palabra se pudiera aplicar – bajo el fujimorato, bajo el sistema de control de medios, en el momento en que el SIN se convirtió en el principal editor de medios en el Perú, sea de forma directa o indirecta.

También verá no sólo a los personajes en las cámaras, que no significan demasiado, sino a los empresarios, los dueños, los que están detrás y marcan la línea y les dicen que decir y qué no decir.

Eso se ve en la televisión y en las principales radios. Es un sistema que logró sobrevivir y logró volver a crecer, engordar y robustecerse bajo la imperfecta democracia que fue el resultado de todo lo que se hizo en el año 2000 y desde un poco antes incluso.

¿Cómo es que estas prácticas siguen existiendo, cuando ya no existe este mega aparato vigilante que fue el SIN?

Hay empresarios de medios y empresarios en general que apoyan a esos medios y que tienen básicamente una suerte de coalición implícita o explícita de acuerdo a la circunstancias. Gente que medró, lucro e hizo gran poder durante la dictadura del fujimorato y que, basados en los principios de una supuesta necesidad de estabilidad jurídica, continuó medrando, lucrando y manteniendo posiciones de poder durante los años de la imperfecta y débil democracia que sucedió. Así han vuelto a tener posiciones decisivas de poder tanto para tener capacidad de veto como para determinar quién va, cómo va y de qué manera.

No es de sorprender que esto suceda de tal manera. Se quedaron sin patrón, es verdad, pero todavía funcionan como una suerte de cooperativa todavía.

También hay un resurgimiento de las prácticas de dos cosas fundamentales: las campañas de desinformación y las interceptaciones telefónicas. ¿Cómo considera que han sido tratados los audios de Lourdes Flores y usted cómo los hubiera tratado periodísticamente?

Yo estuve fuera del país cuando salieron los llamados “potoaudios”, así que no he podido seguir el caso de cerca. Por esa razón creo que no sería correcto que le diga cuál hubiera sido mi decisión editorial en el caso de que me hubieran llegado a mí primero.

¿Cómo ha visto que han repercutido, cómo han sido utilizados en esta campaña? ¿Ha calado en el público?

En términos generales, creo que hay una enseñanza clara en todas las principales campañas electorales desde el año 1990 en adelante sobre el papel central de las contracampañas. Estas han tenido un efecto decisivo sobre una gran cantidad de procesos electorales desde 1990, cuando una contracampaña bastante hábil destruyó a Vargas Llosa e hizo posible el crecimiento y victoria de Fujimori, hasta lo que hubo a finales de los 90 cuando, antes de las elecciones generales, básicamente una contracampaña destruyó y diezmó las precandidaturas de Andrade primero y de Castañeda después.

Luego, la elección del 2001 fue también una elección cuya parte final estuvo marcada por la mayor eficacia de las contracampañas que la campaña en sí.

La del 2006 igualmente fue decidida por una contracampaña hacia Humala, que fue superior a cualquier contracampaña que se pudo hacer contra García en ese momento. Creo que eso está muy claro y es algo que emerge de una visión empírica: el factor negativo es aquél que marca la decisión en este tipo de procesos. Lo que eso significa respecto de qué cosa mueve al electorado es un aspecto interesante para ser analizado.

Las contracampañas hacia Humala y Villarán hicieron que sus víctimas consiguieran mayor importancia…

También hubo contra Lourdes. Ambas han sufrido una fuerte contr campaña, cada una a su manera y cada una sobre los puntos supuestamente débiles que tenían. También la candidatura de Kouri se cayó por una primera contracampaña muy fuerte de Lourdes.

Entonces, de nuevo, estamos ante un hecho evidente: lo que está determinando la suerte de las campañas, hasta este momento, han sido básicamente las contracampañas: ellas crean circunstancias en las cuales se hace posible el surgimiento de resultados inesperados. Las contracampañas crean una situación de tal desorden y confusión en el escenario electoral que hacen posible el surgimiento rápido e inesperado de alternativas no previstas.

¿Se repetirá esto el próximo año?

Para mí esta campaña municipal de Lima tiene esencialmente interés como preludio a lo que se viene dentro de pocos meses: la campaña por las elecciones generales presidenciales y congresales que, yo creo, va a ser una de las más duras, intensamente disputadas y sucias de nuestra historia. Van a ser tres meses intensos en los que va a haber absolutamente de todo. El factor tóxico de la contracampaña será lo que, en gran medida, determine los resultados.

Los efectos de una contracampaña solo pueden ser calculados en el último momento, cuando ya quedan dos. Mientras hay más de dos, se producen consecuencias imprevistas, como el surgimiento de alguien inesperado

¿Puede ser el caso de las presidenciales, donde se identifican más actores principales?

Hasta la segunda vuelta. Cuando solo son dos, las contracampañas pueden tener un objetivo mucho más definido y los resultados son más previsibles. De otra manera, no son necesariamente previsibles.

¿Han tenido los medios un papel relevante en la difusión de propuestas y planes de gobierno? ¿Tienen las propuestas un peso fuerte en el electorado o son las campañas y contracampañas las que mueven al público al momento de votar?

Las propuestas tienden a crear una imagen global que tiene más un carácter atractivo y estético que intelectual. De vez en cuando hay algún concepto que suena bien, que despierta la imaginación, que tiende a veces a avivar el entusiasmo vinculado a la figura del candidato y todo un conjunto de otras cualidades de proyección personal hacia la gente que, de una u otra manera, determinan el resultado. Si hay alguna idea que suene bien, bonita y esté vinculada con las necesidades de la gente, entonces ayuda, siempre que estén bien diseñadas y calibradas. No son propuestas que puedan resistir o estén hechas para un análisis serio, riguroso de lo que ellas buscan determinar. Son cosas que suenan bien para las necesidades de un conjunto dado de gente. Cuanto más numeroso es el conjunto, mejores posibilidades tiene.

Entonces tienen un papel de dibujar, a grosso modo, lo que es el candidato ante el público.

Si, básicamente determina quien pinta mejor el nido de pajaritos preñados.

¿Como elector, siente que los medios le han puesto suficientes elementos sobre la mesa para que pueda tomar una decisión sensata?

En términos de costo-beneficio como usuario de información, por supuesto que no. La que llega por televisión es gratis, aunque hay que soplarse toda esa propaganda infernal. Los periódicos son baratos, pero el costo es el tiempo, el esfuerzo de transitar por toda esa maleza informativa. El costo es mucho mayor que el beneficio.

Sin embargo, el estudioso, el lector persistente, puede, una vez que ha dejado de lado todo lo que no sirve, encontrar cosas que, bien interpretadas, sirvan para armarse una idea. ¿Qué porcentaje de la gente está dispuesta a realizar tal lectura rigurosa? Por supuesto que es una tremenda minoría.

¿Cómo percibe que serán recordadas estas elecciones? Han tenido suficientes factores como para considerarlas bastante particulares.

Van a ser recordadas como unas elecciones y campañas sucias que dieron lugar a resultados que serán interesantes en cualquier caso. Si gana Susana Villarán, se verá el regreso de la izquierda como una fuerza significativa dentro de la política, lo que tendrá una proyección sobre las próximas elecciones generales y sobre la vida política del país en el futuro. Eso significaría un proceso, un fenómeno interesante y con posibilidades de proyección que todavía no están claras, que pueden ser grandes o pueden eventualmente agotarse ahí.

Si gana Lourdes Flores, significará que finalmente una candidata buena, una política capaz pero con defectos profundos en su capacidad de campaña, que se las arreglaba siempre para, traduciendo aquella frase de Winston Churchill, arrebatar la derrota de las fauces mismas de la victoria, logre finalmente una victoria. Esto podría significar un renacer de su carrera política y un segundo aire para el socialcristianismo que, como fuerza electoral, se había visto notoriamente disminuido.

¿Lourdes Flores… el PPC representa ese socialcristianismo?

Representa una visión de ese socialcristianismo. Es interesante el hecho de que ambas mujeres confrontadas vengan de la Iglesia Católica, de diversas interpretaciones del mensaje evangélico, pero que ambas entraron a la vida política de la acción social a partir de una concepción cristiana del quehacer colectivo. Por supuesto, una vinculada con la izquierda y otra vinculada con la centro- derecha. Lourdes proviene de una escuela importante del socialcristianismo bastante alejado del ultraderechismo vinculado con el Opus Dei. Es cierto que hay gente así dentro, como Lourdes Alcorta, pero esa no es Lourdes Flores. Quizá en la poca capacidad que ella ha tenido para controlar esa coalición medio indisciplinada de tropas o elementos políticos que tiene se puede interpretar en algún modo sus derrotas políticas.

Tanto el PPC como Fuerza Social tienen esta agrupación de personas tan disimiles.

Son inquietas coaliciones, cada una de ellas. No son disciplinadas ni están dispuestas a marchar con claridad bajo un conjunto de objetivos comunes y a subordinar sus fines a ellos. Sea cual fuere la que gane va a tener problemas después controlando esa coalición.

Usted, como periodista investigador, se ha mantenido alejado de esta campaña electoral. ¿Cree que un periodismo de investigación podría jugar un papel importante, como no se ha visto en la actualidad, en épocas electorales desde los medios?

Por supuesto que sí. Usted ha percibido bien. He estado relativamente alejado por seguir otras investigaciones que me parecían más importantes e interesantes que esta campaña. Pero viene la siguiente, la campaña por las elecciones generales, donde está en juego bastante más que lo que está en juego ahora.

Vamos a ponerlo de esta manera. Si gana Susana Villarán, va estar muy bien. Si gana Lourdes flores, posiblemente esté muy bien también. Creo que cualquiera de las dos tiene la capacidad y la competencia para manejar bien la Alcaldía de Lima, viéndolo solamente en términos provinciales y metropolitanos y no el conjunto de elecciones regionales del Perú, que son otra cosa. Nuestro carácter profundamente centralista, provincial, etc. se da ya que todo lo que vemos no es la cuestión nacional sino la cuestión local, de Lima.

Luego vienen las elecciones generales. Ahí usted no se encontrará entre dos alternativas, de las cuales cualquiera puede ser aceptable. Ahí habrá una disyunción entre democracia y autoritarismo o, para ser más claro, entre democracia y dictadura. Vamos a estar ante una elección en que se pondrá en juego y se arriesgará absolutamente todo lo logrado cuando se derrocó a Fujimori el año 2000. Todo. Las fuerzas antidemocráticas van a tener y tienen ya un conjunto de aliados en los sectores con más poder y con más capacidad de manipulación y con más capacidad de maniobra que hay en el Perú. Aun luego de 10 años de democracia, el poder mantenerla va a ser una lucha cuesta arriba.

Creo yo que, en esa circunstancia, y si es que aceptamos como premisa (y yo lo acepto enteramente) que el periodismo libre solo es posible en democracia, va a haber un gran y central papel para el periodismo de investigación en tratar de lograr que el cuadro sea muy claro para la gente, en rasgar las cortinas espesas de desinformación que irán llegando, en hacer frente con la verdad de los hechos a la guerra sicológica, a la guerra política que servirá a objetivos del retorno de la dictadura o, por lo menos, del autoritarismo y, con eso, el retorno de la impunidad.

Me pregunta usted si, como periodista de investigación, voy a estar muy centrado en eso: sí, voy a estar preferentemente centrado en eso, porque, a diferencia de lo que sucede en este caso, ahí se juega el futuro del país, se juega el futuro de la patria, ahí se juega el carácter que va a tener la Republica: si va a seguir siendo, con todas sus imperfecciones y debilidades, con todo lo adefesiero que puede llegar a ser, una democracia o si es que se va a retornar a la dictadura cleptocrática que tuvimos en los años 90 y que pensamos, cuando terminamos con ella, que solamente con saber lo que había pasado iba a ser suficiente para que exista una actitud activa de revulsión y de repugnancia hacia ella para varias generaciones de peruanos.

Esto no se ha dado.

Parece que no es así. Igual que en los años 90 fue extremadamente importante el tener un periodismo de investigación capaz, activo, que se enfrentó a los espías del SIN y rasgó los velos de desinformación que hubo entonces, de la misma manera va a ser importante tener ese periodismo ahora, para poder ayudar a que la gente tenga la información real sobre la cual tomar la determinación acerca de cuál va a ser su destino.

Entrevista y video: Gustavo Kanashiro Fonken

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